domingo, 19 de febrero de 2017

Carta del Arzobispo Giovanni Angelo Becciu a los miembros de la Orden de Malta



Vaticano, 15 de febrero de 2017

Queridos Hermanos y Hermanas,

Han pasado ya algunos días desde mi nombramiento como Delegado Especial del Santo Padre para su Orden, y deseo dirigirles un cordial saludo. Ante todo, quisiera hacerles llegar la bendición del Papa y asegurarles de que vela por los intereses de la Orden, así como por su paz y su renovación espiritual. Reza por ello sin descanso.

Desde el momento en que el Santo Padre me confió esta misión, he querido acercarme a ustedes en mis oraciones y profundizar en mi conocimiento de la historia y la presencia de la Orden en el mundo de hoy. Su testimonio de la caridad, que resplandece desde la fundación de la Orden, es edificante.

Es sabido que, con el pasar de los siglos, la Soberana Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta ha realizado una contribución inestimable a través de su trabajo hospitalario, sus numerosas actividades humanitarias, su admirable asistencia a los refugiados y los migrantes, sus puntuales intervenciones después de desastres naturales, su ayuda a la prevención de la propagación de epidemias, y su asistencia social, marcada por la protección de los más débiles. Los distintos elementos que han caracterizado y siguen caracterizando la misión de la Orden en defensa de la dignidad humana representan el mayor patrimonio de la Orden de Malta, un patrimonio que debe protegerse y desarrollarse.

El bien que hacen es la expresión genuina de su Constitución, cuyo objeto se resume así: “Mediante la santificación de sus miembros, promover la gloria de Dios, el servicio a la Fe y al Santo Padre y la ayuda al prójimo”.

Estoy convencido de que la entrega y la promoción de la gloria de Dios deben ser la estrella que guíe nuestras acciones, y la única justificación necesaria para ser miembro de la Orden de Malta. Invito pues a todos los miembros, sea cual sea su nivel de pertenencia a la Orden, a poner a Dios en el centro de sus vidas personales y públicas. Cuando Dios está en el centro de todo, desarrollamos las actitudes que más nos benefician: convertimos nuestro corazón con sinceridad, nos comprometemos a cuestionar cada una de nuestras acciones para saber si tiene por objetivo glorificar a Dios, examinamos nuestra conciencia personal y comunitaria para saber si podemos dejar de lado nuestros intereses personales o de grupo, para que prevalezca el bien supremo de la Orden.

Mi misión, que llevaré a cabo en estrecha colaboración con el Lugarteniente ad interim, Su Excelencia el Venerable Bailío Frey Ludwig Hoffmann von Rumerstein, se beneficiará de la cooperación de todos, y tiene por objetivo promover la armonía entre los miembros religiosos, clericales y laicos de la Orden, tal y como me ha pedido el Santo Padre.

Es mi intención pues, como prioridad absoluta, establecer un diálogo constructivo con todos los miembros, para así analizar claramente los problemas que deben resolverse e identificar soluciones; de esta manera haremos frente a la situación actual en una atmósfera de serenidad y cooperación armoniosa.

Con este propósito estudiaré, junto al Lugarteniente ad interim, cuáles son las medidas adecuadas que deben adoptarse, ejercicio para el que solicitaré su implicación.

Quiero aprovechar la ocasión para agradecerles a todos sus oraciones y su apoyo, y les invito a renovar su confianza plena y compartida en el Señor, por intercesión de la Virgen María y de su fundador el Beato Gerardo.

Angelo Becciu
Delegado Especial