domingo, 29 de enero de 2017

Mensaje del Cardenal Norberto Rivera Carrera a todos los Católicos y a todos los ciudadanos de buena voluntad de esta Arquidiócesis de México

Reproducimos el texto completo del mensaje que, dentro de la misa dominical, en la Catedral Metropolitana de México, ha dado el Cardenal Norberto Rivera Carrera.

Mensaje a todos los Católicos y a todos los ciudadanos de buena voluntad de esta Arquidiócesis de México.

Queridos hermanos y hermanas:

No se dejen vencer por el desánimo. Constantemente Jesús nos dice en el Evangelio: “No tengan miedo”. Para el creyente, el valor se fundamenta en el amor misericordioso de Dios que nunca abandona a sus hijos; y por otra parte, el valor debe surgir de nosotros mismos, de la conciencia clara de saber quiénes somos, cuáles son nuestros principios, valores, fortalezas, y también, ¿por qué no?, nuestras debilidades y carencias.

Ante las amenazas que se ciernen sobre nuestros hermanos inmigrantes en los Estados Unidos, sobre nuestra economía, y sobre el futuro de muchas empresas y fuentes de trabajo, me ha dado una gran alegría constatar la espontanea unidad de todos los mexicanos debemos entender que la fuerza de los mexicanos está en la unidad nacional, en el respaldo a nuestro gobierno que, con toda razón, ha dejado en claro que la dignidad y soberanía nacional no son negociables. México es un país grande, con una cultura memorable, con una historia rica en contrastes, con una fe inquebrantable y con una clara identidad nacional de la que nos sentimos orgullosos.

Pese a la provocación y las agresiones del presidente estadounidense, México –como tantas veces lo ha reiterado el Papa Francisco–, debe creer en el diálogo, debe optar por los puentes y no por el muro de la vergüenza, ese muro de la ignominia que no defenderá a los Estados Unidos, sino que lo aislará no sólo de México y Latinoamérica, sino también del mundo. No son los ciudadanos norteamericanos quienes están en contra de México, sino algunos de sus gobernantes; la Iglesia Católica de los Estados Unidos es un claro ejemplo de solidaridad y hermandad con los mexicanos. Por eso, hoy apelamos a nuestros hermanos norteamericanos de buena voluntad para que apoyen a México, porque apoyar a este país, que ha sido un vecino amistoso y leal, contribuye al bienestar y prosperidad de los mismos Estados Unidos de América.

América no son los Estados Unidos, sino el Continente entero; México, como Argentina, Perú o Canadá, también son América, y hoy por hoy estamos por una integración económica y cultural mundial, en la que abanderar de nueva cuenta viejos nacionalismos y proteccionismos es una insensatez, es una quimera que, agotada su ilusión, sólo dará frutos amargos de odio, aislamiento y pobreza.

No caigamos en la provocación ni en la tentación de responder con ofensas a las agresiones; actuemos como cristianos, siguiendo el consejo de Jesús: “No devuelvan mal con mal, oren por sus enemigos”. La fuerza que tenemos los creyentes es la oración. He visto con gusto cómo se han organizado campañas de oración por México; unámonos a ellas. Imploremos la protección de la Santísima Virgen María de Guadalupe, Patrona de América, a fin de invocarla como “Consuelo de los afligidos”; para pedir por nuestra patria, por nuestros hermanos inmigrantes, y por la paz y la concordia de nuestro país.

Unidos siempre seremos fuertes. Con nuestra fe en Cristo nuestro Señor y en Santa María de Guadalupe seremos prosperos; no tengamos miedo, hoy más que nunca debemos estar unidos y ser solidarios. Esta es la hora de México, de voltear a nosotros mismos y descubrir nuestras propias capacidades y oportunidades, no olvidemos la sabiduría popular que reza: “No hay mal que por bien no venga”. Tengamos confianza, no perdamos la fe y trabajemos sin descanso por hacer de nuestro amado México una patria digna, fraterna, en la que hagamos realidad el reino de Cristo, un reino de amor, de justicia y de paz.

¡“Es por México!”